Fecha de entrega: 30 de Julio.
Cuando me recordé ya estábamos a 18. Y para colmo de males cayó martes, día no muy favorable para redactar un artículo sobre el Amor.
Me levanté muy temprano. Mientras encendía la máquina, repasaba mentalmente todos esos volúmenes que había venido seleccionando para apoyar mis anotaciones: “El banquete”, “Dafnis y Cloe”, “De la naturaleza de las cosas”, “El Arte de Amar”. Por ese lado quería incurrir, por el de los clásicos greco-latinos, pero todavía sin una intuición amiga, ningún aspecto discreto o al menos desafectado, como es conveniente, según creo, abordar una pasión para tema de un artículo. Un artículo debe, en todo caso, sujetarse a inocular pasión a la letra, y al lector, en relación con lo ajustado de sus intuiciones reveladoras, y no embaucar ni dejarse llevar por las connotaciones personales de esa nube indescifrable y loca que tal pasión humana suele promover. ¡El amor, el amor! Para eso están las poesías y las novelas.
Después de releer los dos primeros libros de Lucrecio y transcribir apenas un fragmento donde el epicúreo destaca el hecho de que
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“En vano algunos necios imaginan
que sin la ciencia y numen de los dioses,
tantos efectos producir no puede
la materia arreglados y precisos,
ni las vicisitudes de estaciones
y los varios productos de la tierra:
ni el suave impulso del amor que mueve
por medio del deleite a los mortales,
ni el divino placer que da la vida,
y a propagar les lleva las especies
porque el género humano no se extinga.”
…salí a pasear por la costa del Salado.
Así que para Lucrecio el Amor es un “efecto” de la materia, me decía, tal como lo son las vicisitudes de las estaciones y los frutos. Y en la misma medida en que lo es el placer que da el vivir, cuyo objetivo común radica en propagar las especies para que no se extingan. Sonaba justo y bello, sí, pero también poco romántico, a no ser por lo de “suave impulso (...) que mueve por medio del deleite a los mortales,…”
Un efecto de la materia conectado, a través de las antenas de los sentidos, con un sentido humano inevitablemente atribuible a operaciones pneumática, es decir, espirituales, psíquicas y en cierto punto, culturales.
El sol, apenas remontado un par de grados desde el Este, ponía énfasis en lo más huidizo del paisaje, como es el río y el cielo mismo, sus masas de plata, fluctuantes, contra la ambigua mortaja gris que el contraluz tendía sobre lo sólido de las islas, pero no se agitaban todavía palabras en mi cabeza para abastecer mi lengua respecto del tema en cuestión, recordemos: “el amor”. Total que, volviendo por el circuito aeróbico de los aromitos, fui a dar con un trozo de carta apelmazado, un pedazo de hoja escolar, arruinada por la helada y, unos pasos adelante, otro poco, y así, hasta recuperar todo el manuscrito que voy a reproducir.
En una carilla, esto:
Hs 14:00 Puente de fierro Sto Tomé
Belen: Sos re cargosa, molesta, insoportable y por favor no me escribas la ropa sabes.
Belen no te olvides que te kiero y te amo mucho, mucho, mucho.
Jorgito P
Del otro lado:
05-07-06
Belen
Gracias por tratarme como me tratas y por aserme sentir todo esto que hoy estoy sintiendo que por nadie lo avia sentido y por darme todo lo que me das que es muchisimo
Creo que nadie podría escribir todo lo que ciento pero, vos sabes todo lo q´ yo TE AMO Y TE KIERO por favor no cambies nunca, y no te olvides nunca nunca todo lo que te amo.
Te dejo todo mis besos solo para voz,
Bueno portate bien en la escuelita ESA que vas vos
No te olvides q´ te super kiero y q´te amo mucho, mucho, mucho Yo
Jorgito Perez
Este hallazgo me dejó pasmado. ¿Cómo pudo darse tal oportunidad, no?, encontrar, un día de Marte, una carta de Amor rota y tirada, semejante gesto mixto y preciso de ternura y violencia y, lo que es todavía más asombroso y mejor, al cabo de doce rigurosos días de invierno, intacto el soporte, patente la letra. ..
(continuará)